Un estudio basado en 12 genomas completos del extinto Panthera spelaea, incluido el de “Sparta”, una cachorra conservada en el permafrost siberiano, concluye que el llamado león de las cavernas no era una variante del león actual, sino una especie diferenciada. Su linaje se separó del de los leones modernos hace más de 1,7 millones de años y desarrolló adaptaciones propias a los ambientes fríos del Pleistoceno. Aun así, ambas especies se cruzaron ocasionalmente: durante las glaciaciones, el desplazamiento de sus hábitats las ponía en contacto, dejando entre un 3% y un 4,4% de ADN de león moderno en los ejemplares analizados.
El análisis también identifica mutaciones relacionadas con el cerebro, la visión, la circulación y el crecimiento, aunque todavía no puede demostrarse qué ventajas concretas aportaban. Sorprendentemente, el león de las cavernas mantenía una población relativamente grande y sin señales graves de consanguinidad poco antes de desaparecer, hace entre 13.000 y 14.000 años. Los investigadores creen que su extinción pudo deberse a la reducción de sus presas tras la última glaciación, lo que demuestra que una especie aparentemente abundante puede desaparecer con rapidez si se altera su cadena alimentaria.


