El llamado veranillo de San Miguel describe esos días de temperaturas suaves o incluso elevadas que pueden aparecer alrededor del 29 de septiembre, cuando el otoño ya ha comenzado. Sin embargo, no se trata de un fenómeno climático que se repita de manera fija cada año. Los datos históricos de AEMET muestran que no existe un aumento sistemático de las temperaturas en esas fechas: algunos años son especialmente cálidos y otros pueden ser fríos o incluso registrar episodios de lluvias intensas.
La explicación está en la variabilidad propia del inicio del otoño. A finales de septiembre todavía hay suficiente radiación solar para que, si se instalan altas presiones, cielos despejados y estabilidad atmosférica, las temperaturas diurnas vuelvan a subir durante varios días. Por eso el “veranillo” sí puede existir como episodio meteorológico puntual, pero no como una regla del clima asociada necesariamente a San Miguel.


