La famosa rivalidad entre el Coyote y el Correcaminos tiene poco que ver con lo que ocurre realmente en la naturaleza. Ambas especies comparten hábitat en zonas áridas del suroeste de Estados Unidos y el norte de México, pero los correcaminos no son una presa habitual de los coyotes. De hecho, estos últimos son omnívoros oportunistas y suelen alimentarse de frutos, insectos, roedores, conejos y otros recursos más fáciles de capturar. El ecólogo Scott Henke asegura que, tras analizar alrededor de mil estómagos de coyotes, apenas encontró restos de correcaminos.
Aunque un coyote puede correr mucho más rápido que un correcaminos —unos 69 km/h frente a unos 32 km/h—, el ave compensa esta diferencia con una enorme agilidad, cambios bruscos de dirección y la capacidad de refugiarse en árboles mediante vuelos cortos. Por eso, cuando un coyote consigue atrapar uno, probablemente se deba a una situación excepcional, como que el ave estuviera distraída o que el coyote encontrara su cadáver. La realidad, por tanto, desmonta en buena medida el mito popularizado por los dibujos animados.


