El miedo es un mecanismo esencial para la supervivencia que activa respuestas rápidas ante posibles amenazas. Aunque gran parte de nuestros temores se desarrolla con el tiempo, los seres humanos nacemos con ciertas reacciones instintivas, especialmente ante la posibilidad de caer y frente a los ruidos fuertes. Estos miedos innatos funcionan como sistemas de alarma que nos protegen incluso antes de haber acumulado experiencias.
La mayoría de los demás miedos se adquiere mediante experiencias negativas, la observación del comportamiento de otras personas o la educación y el entorno cultural. También podemos tener una predisposición evolutiva a aprender con mayor facilidad determinados temores, como los relacionados con animales potencialmente peligrosos. Al ser aprendidos, muchos de estos miedos pueden modificarse o superarse mediante nuevas experiencias y técnicas terapéuticas.


