Berlín ha aprobado una ambiciosa ley de adaptación climática para prepararse frente al aumento de temperaturas, las sequías y las lluvias torrenciales. Su objetivo principal es que en 2040 haya, siempre que sea posible, un árbol cada 15 metros en las calles, además de enfriar 170 “barrios calurosos” en dos grados, ampliar las zonas verdes y aplicar el modelo de “ciudad esponja” para recoger y aprovechar mejor el agua de lluvia. El plan, impulsado por una iniciativa ciudadana y respaldado por una amplia mayoría parlamentaria, contará con 3.200 millones de euros en 15 años.
El proyecto, sin embargo, afronta importantes dificultades: muchos árboles urbanos están enfermos o dañados, ahora se talan más de los que se plantan y existen obstáculos como tuberías subterráneas, falta de espacio, protección del patrimonio y el debate sobre quitar plazas de aparcamiento. Además, responsables y activistas advierten de que no basta con plantar árboles: para que la ciudad sea realmente más habitable y resistente al calor hará falta rediseñar el espacio urbano, priorizar los barrios más vulnerables y combinar la vegetación con cambios en la movilidad y la gestión del agua.


