La revisión de más de cien estudios de neuroimagen publicada por investigadores de la Universidad McGill (Canadá) y la Universidad Adolfo Ibáñez (Chile) muestra que pasar tiempo en la naturaleza, incluso por pocos minutos, provoca cambios en la actividad cerebral que reducen el estrés, restauran la atención y calman la rumiación mental. Entornos naturales como parques, bosques o zonas con agua generan un “patrón en cascada” de respuestas neuronales: primero simplifican el procesamiento sensorial, lo que reduce la carga cognitiva; luego estabilizan los sistemas de estrés y disminuyen la actividad de regiones relacionadas con el miedo (como la amígdala), lo que promueve calma y claridad mental.
Además, esta exposición facilita un tipo de “reset mental” no alcanzable sólo con descanso digital o entornos urbanos, y los efectos beneficiosos se observan incluso con breves períodos de contacto con la naturaleza. Por ello, las autoras destacan no sólo la importancia de diseñar ciudades más verdes, sino también la posibilidad de que los médicos recomienden tiempo al aire libre como complemento a otras intervenciones de salud mental.


