El lince ibérico ha protagonizado una de las recuperaciones más destacadas de la fauna europea. De los apenas 94 ejemplares que quedaban en 2001, concentrados en Doñana y Andújar, la especie ha pasado a contar con un mínimo de 2.663 linces en 2025, según el último censo del MITECO. La recuperación se debe al impulso de programas de conservación, cría en cautividad y reintroducción iniciados a comienzos de los años 2000, con hitos como el nacimiento de los primeros cachorros en cautividad en 2005. Gracias a este avance, la UICN ha rebajado su categoría de amenaza de “En peligro de extinción” a “Vulnerable”.
Aun así, la situación del lince ibérico sigue siendo delicada. La especie mantiene una fuerte dependencia del conejo, su presa principal, afectado por enfermedades víricas, y continúa amenazada por la fragmentación del hábitat, el aislamiento genético, la caza ilegal y, sobre todo, los atropellos. Solo en el último año murieron más de 200 linces en carreteras, lo que supone la principal causa de muerte no natural. El reto ahora es consolidar las poblaciones, alcanzar las 1.100 hembras reproductoras y reducir la mortalidad en infraestructuras viarias para que este “milagro” no vuelva a estar en riesgo.


