Los científicos alertan de un fenómeno creciente en los bosques mediterráneos: la “muerte sin llamas” de los árboles, un deterioro silencioso causado por sequías prolongadas y temperaturas extremas. En Cataluña, entre 2012 y 2023, unas 120.000 hectáreas han mostrado signos de decaimiento relacionados con el clima, una superficie comparable a la que han arrasado los incendios en cuarenta años.
Este debilitamiento afecta la salud de los ecosistemas, reduciendo la biodiversidad, la capacidad de los bosques para regular el agua y su función como sumideros de carbono. Investigadores del CREAF y redes europeas de seguimiento advierten de que muchas especies ya no están adaptadas a las nuevas condiciones climáticas y piden una gestión forestal más activa para prevenir daños mayores en las próximas décadas.


