Un ejemplar hembra del lince ibérico en Jaén, conocida como “Satureja”, apareció con un pelaje completamente blanco aunque conservaba sus manchas negras de identificación, lo que descartaría albinismo o leucismo tradicionales. Al mismo tiempo, en Costa Rica se han detectado mono aullador de manto que han perdido su tono negro natural para adquirir zonas o incluso todo el cuerpo en tonalidades naranjas o amarillas, un fenómeno también observado en otras especies.
Los científicos barajan que estos cambios de coloración puedan deberse no solo a mutaciones genéticas (que en general se manifiestan al nacer), sino también a factores ambientales —como exposición a productos químicos o estrés— que podrían afectar la producción o mantenimiento de melanina en los animales. Subrayan la necesidad de más investigación (incluyendo el análisis de tejidos y genomas) para determinar si estos casos son aislados o una señal de impactos ambientales más amplios sobre la fauna.


