Un estudio internacional publicado en Diversity and Distributions revela que la Península Ibérica alberga 1.273 especies no nativas, desde cotorras argentinas y avispas asiáticas hasta mapaches, castores o siluros. Estas especies, que llegan a ecosistemas donde nunca habían estado presentes, pueden tardar décadas en identificarse como invasoras, momento en que ya suelen estar plenamente adaptadas y causando daños importantes. Según los investigadores, alrededor del 10% de las especies detectadas —unas 120— deben considerarse invasoras y representan una seria amenaza para la biodiversidad, al desplazar fauna autóctona y transformar ecosistemas, además de afectar a la salud humana.
El estudio identifica las zonas costeras y las áreas urbanas como los principales focos de concentración, especialmente en Andalucía, Cataluña y la Comunidad Valenciana. A los impactos ambientales se suman los económicos: otro trabajo, publicado en NeoBiota, calcula que las especies exóticas invasoras han generado en España costes superiores a 232 millones de euros entre 1997 y 2022. El camalote, una planta acuática procedente de Sudamérica, encabeza el ranking de daños, habiendo requerido más de 50 millones de euros en actuaciones durante ese periodo.


