Un equipo internacional de científicos ha logrado secuenciar por primera vez el genoma completo de un animal de la Edad de Hielo a partir de restos hallados dentro del estómago de otro animal. El hallazgo se remonta a hace 14.400 años, cuando una lobezna gris murió súbitamente en Siberia tras ingerir tejido de un rinoceronte lanudo. Gracias a que quedó sepultada en el permafrost, su cuerpo —y los restos de su última comida— se conservaron de forma excepcional.
Durante la necropsia, los investigadores recuperaron un pequeño fragmento de tejido que permitió reconstruir un genoma de alta calidad, algo extremadamente difícil con ADN antiguo. El estudio, publicado en Genome Biology and Evolution, revela que los rinocerontes lanudos se mantuvieron genéticamente sanos hasta muy cerca de su extinción, y proporciona la información genética más reciente conocida de esta especie, superando en miles de años a otros genomas previamente analizados.


