El análisis genético de dos momias halladas en el yacimiento de Camarones 9, en el norte de Chile, ha aportado las pruebas más antiguas de la presencia de la viruela en América. Los restos pertenecían a una mujer de unos treinta años y a un joven de alrededor de veinte, fallecidos durante las primeras décadas de la colonización. El ADN del Variola virus recuperado de sus cuerpos, datados entre 1492 y 1631, confirma que la enfermedad llegó desde el Viejo Mundo y descarta que existiera en el continente antes de la llegada de los europeos.
El estudio revela además que el virus ya estaba completamente adaptado al ser humano: había inactivado 49 genes, la misma cantidad que las cepas modernas anteriores a su erradicación. Los investigadores creen que alcanzó un punto evolutivo óptimo que favoreció su rápida propagación entre poblaciones indígenas sin inmunidad previa. Aunque el hallazgo demuestra genéticamente el origen europeo de la viruela americana, la limitada cantidad de muestras no permite determinar con exactitud cuánto contribuyó esta enfermedad al enorme colapso demográfico indígena.


