Una revisión científica publicada en Trends in Ecology & Evolution revela que muchos animales sociales anticipan los conflictos con grupos rivales y adaptan su comportamiento antes de que se produzca un enfrentamiento. Chimpancés, mangostas, leones, hienas, aves y hormigas aumentan la vigilancia, patrullan fronteras, interpretan señales como llamadas u olores y deciden si atacar, defender el territorio o evitar las zonas de riesgo.
La amenaza exterior también influye en la cohesión del grupo: algunas especies permanecen más unidas, refuerzan sus vínculos y coordinan acciones colectivas. Estas estrategias pueden evitar combates, pero tienen un coste, ya que dedicar más tiempo a vigilar o marcar el territorio reduce las oportunidades de alimentarse y reproducirse. Por ello, los investigadores sostienen que para comprender la violencia animal también hay que estudiar todo lo que ocurre antes de la lucha.


